A pleno sol

El drama burgués escrito por Françoise Sagan cobra nueva vida en esta adaptación al cómic.

Tengo un lejano recuerdo de la versión cinematográfica de esta obra, dirigida por Otto Preminger, de la que tan solo me quedó grabada en al memoria la imagen de la impresionante belleza de la actriz Jean Seberg.

Pero sumergiéndome de nuevo en su trama tantos años después, he de reconocer que, aunque no he leído el libro me da la impresión que estos personajes recreados por Frédéric Rébéna se acercan bastante más a los imaginados por la autora original, Sagan.

La historia comienza con un doloroso recuerdo, un inesperado hecho que alteró aquellas vacaciones de la costa francesa, y las vidas de los personajes implicados en la trama.

Ellos son Cécile, una joven de 17 años que vive en la indolencia, incapaz de centrarse en sus estudios, pasa sus días tomando el sol, escribiendo en secreto una novela y respondiendo cínicamente a su padre en estos días de sol y mar en los que el progenitor disfruta de la compañía y caricias de una joven y curvilínea llamada Elsa.

Él es un tipo cínico, un playboy que ve como su tiempo de conquistador se va agotando y necesita de la constante compañía y adulación de una fémina.

Es entonces cuando aparece en escena un personaje que dará un inesperado vuelco a todas las relaciones de los personajes. Se trata de Anne Larsen, famosa diseñadora, madura, poseedora de una belleza serena y capaz de hablarte de tú a tú al padre de Cécile, al que conoce ya hace muchos años y con el que mantiene una ya larga amistad que tal vez se pueda convertir en algo más.

De repente, la muchacha siente amenazado su status. Huérfana desde la infancia, su padre se lo ha permitido todo, pero la presencia de Elsa, mujer estricta que le dice las cosas con claridad, hará que su hasta entonces ociosa mente trame un plan que, sin ella proponérselo, va a ocasionar terribles consecuencias.

El peón utilizado en sus maquinaciones será un joven del lugar, Cyril, con el que, además de practicar la forma de besar, va a involucrar en toda esta imaginaria red que atrapará tanto a su padre, como a la despechada y vengativa Elsa y, por supuesto, a su verdadero y único objetivo, Anne…

Esta historia refleja a la perfección esa manera de ser de este tipo de personaje burgués, con una posición acomodada, que de poco o nada ha de preocuparse en la vida, dando casi ninguna importancia a todo de lo que disfruta.

Este comportamiento, como veremos en el cómic, es también aplicable a las relaciones personales entre ellos. Tanto Cécile, que demostrará una gran crueldad, pese a su posterior y callado arrepentimiento, al que acompañarán las lágrimas; por no hablar del padre, un tipo que demuestra una frialdad impresionante a la hora de afrontar los sentimientos.

El trabajo del autor de esta traslación al cómic Frédéric Rébéna (Marilyn la dingue, Le Corbusier…) es ejemplar, dando nuevo rostro a los protagonistas y trasladando a las viñetas este mundo de lujo, confort, mentiras y crueldad que rodea a este grupo de personajes que descansan en una villa. Junto a los colores de Jean-Luc Ruault logran trasladarnos a este modo de vida, tan alejado del de la mayoría de los mortales, únicamente reservado para algunos ¿afortunados?…

Buenos días, tristeza

Autor: Frédéric Rébéna

Tapa dura

Color

112 págs.

22 euros

Planeta Cómic

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