Como agua de mayo, por fin llega a nuestras manos un cómic muy deseado, al que el término de “mítico” le viene pequeño.

Y es que a lo largo de la historia de una editorial como Marvel, que todos los meses publica una ingente cantidad de cómics, existe un imaginario Olimpo en el que se guardan esas etapas, firmadas por los más talentosos autores, con las que consiguieron la más absoluta de las excelencias.
Y resulta que una de estas vino firmada por el guionista Chris Claremont, al que la editorial dio carta blanca, libertad absoluta, a la hora de crear un nuevo grupo. Así nació Excalibur, que si por algo iba a caracterizarse es que para nada se parecería a los otros títulos protagonizados por mutantes, ya que primero, las peripecias del Capitán Britania y Cía iban a desarrollarse en Gran Bretaña. Y segundo y muchísimo más importante, aunque por supuesto habría su parcela dedicada a mostrar momentos y situación dramáticas, uno de los principales componentes de esta sabrosa combinación iba a ser el humor.
Pero claro, aunque el guionista estaba en aquellos momentos en la cresta de la ola, se necesitaba a un dibujante a la altura. Tal vez alguien con quien ya había trabajado ocasionalmente. Y saltó a la palestra el nombre del que, personalmente, considero como el dibujante de comic-book perfecto. En el estilo de Alan Davis no hay fallo alguno, sus personajes son reconocibles al instante (por no hablar de sus féminas), era capaz de trabajar durante largas temporadas en la colección y además vino acompañado por uno de los grandes nombres de ese arte que ya parece olvidado en la actualidad. El entintador Mark Farmer, que con su especial toque, logra una simbiosis perfecta, quedando finalmente unas páginas que deberían estar colocadas en un museo.

La nueva colección tuvo mucho éxito, pero claro, en el momento en el que Davis la abandonó, todos nos quedamos huérfanos, añorando al artista…
Y hete aquí que la magia de los editores de La Casa de la Ideas funcionó, ya que con la marcha también de Claremont, la cabecera se acercaba hacia el oscuro abismo de una más que probable cancelación, por lo que más pronto que tarde había que encontrar un sustituto que volviera a darle su esplendor al título.
Bueno, el resto es historia, y por fin llega a nuestras manos el cuarto volumen de la Línea Marvel Gold que recopila la genialísima etapa en la que Alan Davis, recuperado, tomó las riendas, el timón de la serie, haciéndose también cargo del guion, y con un ingenio sin igual, recuperó a estos personajes, y nos presentó a otros nuevos, como ese claro homenaje a Robert E. Howard con el papel del guerrero Kylun.
Bien, agarraos al sillón, porque una vez abráis la primera página de este volumen, el trayecto se va a parecer mucho a una montaña rusa, donde las emociones van a sucederse una tras otra. A las viñetas volverá ese loco grupo encabezado por Rompepuertas, Tecno-Red que, por azares del destino, deparando muchos y divertidos, van a convertirse de golpe y porrazo en compañeros en el atestado faro, base de Excalibur.
Pero este es tan solo el principio, ya que los viajes a otras realidades paralelas van a sucederse, así como unos misteriosos hechos que afectarán directamente a la base. ¿Qué ocurre con ese faro y cuál es su verdadera naturaleza?

Brian Braddock, Kitty Pryde, Kurt Wagner, Rachel Summers y Meggan tendrán que apañárselas cómo mejor saben, lidiar con unos florecientes celos, averiguar qué es realmente Cacharro, investigar el origen de alguno de sus miembros, luchar contra la maldad de un ser que ha trazado un oscuro plan que los implica a todos, ayudar a la policía londinense, reprimir el inmenso y peligroso poder que se esconde en el interior de uno de ellos, reencontrarse con viejos y peligrosos enemigos, volver a ver a la familia… ¡Y eso solo es el principio!
En fin, un viaje que no vais a olvidar, y en el que Alan Davis, que también es humano y tiene que descansar, cede los bártulos en algunos (pocos) episodios a reconocibles nombres de de la industria norteamericana del Cómic, como el guionista Scott Lobdell o Barry Dutter, a los que se unirán dibujantes de la talla de Dougie Braithwaite, Will Simpson, James Fry, Steve Lightle, Rom Lim, Dwayne Turner, Joe Madureira, Jae Lee, Malcom Jones, Rick Leonardi y Mark Runyan.
Se le podrían colocar, y positivas, etiquetas a esta recopilada, pero creo que la mejor es la de IMPRESCINDIBLE.
Marvel Gold. Excalibur 4: ¡Pdepadaos pada modid!
Guion y dibujo: Alan Davis, VV AA.
Tapa dura
Color
496 págs.
49,95 euros
Panini Cómics









