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El tapiz del vampiro

Regresa Él, el Señor de la Oscuridad, plasmado como nunca a través del talentoso trazo de uno de los grandes Maestros de la viñeta internacional, Alberto Breccia.

Drácula es uno de los personajes literarios a los que, a lo largo de su ya larga historia, se le ha sacado más provecho. Hemos disfrutado de mil y una versiones de sus peripecias, algunas fieles a la novela original escrita por Bram Stoker. Otras, más libres, ya sean en el terreno fílmico, el literario o, como es el caso, el de las viñetas de un cómic, donde ha protagonizado innumerables relatos.

Pero en pocas ocasiones un autor se ha valido de él para mostrárnoslo desde una perspectiva irónica y humorística. Y así fue que Alberto Breccia (Buscavidas, Un tal Daneri, El corazón delator y otros relatos extraordinarios de E.A. Poe, Había otra vez…) se hizo con él, llevándole a su propio terreno y, en una serie de relatos (cinco) publicados por Toutain Editor en los años ochenta en la legendaria revista Comix Internacional, el autor se convirtió en silente observador de las veleidades de tan especial personaje.

Con un estilo de dibujo caricaturesco y una paleta de colores que escapan de las viñetas, el autor nos traslada a la Venecia más carnavalesca, en una noche en la que la figura del Conde se mezcla entre las docenas de persona disfrazadas. Él ya ha elegido a su presa, una bella joven en la que fija su hipnótica mirada, atrayéndola hacia la oscuridad, un callejón desierto en el que pueda hacer con ella lo que quiera.

Pero claro, lo inesperado ocurre, y el fin del relato nos sorprenderá no solo a nosotros, los lectores…

Para un ser como Drácula, el buen mantenimiento de su dentadura es vital, tal como vamos a comprobar en una visita que hace a su dentista. Debe estar lo más presentable y preparado para una visita que llega a su castillo, un orondo tipo al que nada más ver hace que el Conde se relama de placer ante lo que piensa que va a ser un gran festín…

Eso sí, el protagonista también tiene su corazoncito, y añora la compañía de su amada, una pálida y escuálida dama a la que no tardará en ir a visitar al desierto pueblo, para encontrarse ante lo impensable.

Menos mal que el amor, hasta el de un vampiro, todo lo puede.

En la cuarta historia contenida en este álbum, titulada Fui leyenda, la ironía se torna más afilada y terrible que nunca, ya que Breccia nos mostrará quienes fueron los verdaderos monstruos de su época, dejando al atribulado vampiro como algo pequeñito, insignificante, ante la maldad y el dolor que cayó sobre Argentina en los años en los que la bota militar asfixió a los habitantes del país.

Así acompañaremos al Conde por unos paisajes grotescos, terroríficos por lo que muestran, que llegan a asustar hasta al propio vampiro.

Como colofón a estas magnificas historias, el camino de Drácula se cruza con el de un hombre, escritor, que también transitó por las oscuras veredas del terror gótico. Nada más y nada menos que Edgar Allan Poe, al que seguirá hasta una taberna en la que observará como el hombre se ahoga en un mar etílico, hecho que hará que el encuentro entre ambos nos termine como el chupasangre hubiera deseado.

Estas cinco historietas son cómic puro, en que el autor prescinde del texto o los diálogos, innecesarios debido a la fuerza, la expresividad, el color, que pueblan estas geniales viñetas, que ahora, tras muchos años después de su publicación, tenemos la suerte de ver recopiladas en este álbum que como maravilloso extra contiene los bocetos y estudios previos de la obra.

¿Drácula, Dracul, Vlad? ¡Bah…!

Autor: Alberto Breccia

Tapa dura

Color

120 págs.

20 euros

ECC Ediciones

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