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Nosotros somos los muertos

En una casi eterna persecución, aquel hombre descubriría un mundo para él hasta ahora totalmente desconocido.

Creo que ya nadie duda que El Cómic es una de las Bellas Artes más antiguas. Si su definición es la de “narración gráfica” podemos considerar, por ejemplo, que las pinturas rupestres de las cuevas de Altamira son una buena muestra, ¿no?

Pues precisamente el autor de este cómic, Alberto Vázquez, abandona la figuración antropomórfica de sus personajes Dinky y Birbboy, protagonistas de su exitosa obra Psiconautas (tanto en su versión viñetil como en la animada) y en su regreso (Premio Castelao de Cómic 2019) nos sumerge en la representación en viñetas de la que podría ser una de esas cazas, protagonizada por un hombre, habituado a su sencilla vida en el bosque, que cuenta con una lanza como único medio para obtener comida y defenderse, en medio de un entorno totalmente natural.

Pues bien, todo podría haber seguido transcurriendo de esta manera si no hubiera descubierto la presencia de un enorme animal, un ciervo con puntiagudas y letales astas. Y es justo aquí cuando, sin él saberlo, el destino del protagonista cambiará para siempre.

Su vida a partir de entonces se convierte en una obsesiva caza, en la que seguirá, paso a paso,  al esquivo animal, sin darse cuenta que cada vez se aleja más de terrenos conocidos y se adentra en un “nuevo mundo”. Y todo pese al premonitorio reflejo que le ofrece la limpia y cristalina superficie de un río.

Sin mirar atrás, siempre avanzando entre árboles, maleza, montañas… La caza llegará a su fin, el soñado encuentro y un descubrimiento. Un bosque diferente, no de altos árboles, sino de inalcanzables colosos de cemente y metal que se pierden en un cielo que ya no azul, más bien gris sucio.

Lejos de todo lo conocido, el cazador se encontrará más solo que nunca, desvalido. Reconocerá los rostros de los peatones que ve en la lejanía como aquel aviso que ignoró. Pero ya será demasiado tarde para él, ya que ha caído, cazado, en la mayor trampa de todas.

Resulta muy reconfortante como lector que en tan pocas páginas y sin ningún tipo de truco visual ni parafernalia (el estilo utilizado me recuerda muy mucho a esas ancianas pinturas a las que me refería al principio, utilizando la aguada y tirando de abstracción en algunos momentos), Alberto Vázquez, en su regreso a los cómics, reflexione tanto y tan bien sobre varios temas. La ciega obsesión del predador (el hombre) por obtener una casi inalcanzable pieza, las supersticiones que llevarán a su perdición al protagonista; una mirada a esos cada vez más escasos bosques, poblados de animales, árboles y plantas que nosotros nos hemos encargado de ir convirtiendo en un mero recuerdo, trasformando nuestro planeta en un lugar cada vez más enfermo.

Y, por supuesto, el problema de la inmigración. Hombres y mujeres que llegan a nuestra “confortable” sociedad, para encontrarse con que han caído en una trampa: Engañados, privados de sus bienes, maltratados, encarcelados… Todo un largo y tortuoso camino que los mete de cabeza en la realidad, que no es ese sueño, más bien una oscura pesadilla.

La Caza

Autor: Alberto Vázquez

Cartoné

B/N

64 págs.

12 euros

Astiberri

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