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El libro de los insectos humanos

Llega a las librerías un nuevo volumen manga  creado por Yoshihiro Tatsumi, máximo exponente del movimiento gekiga.

Con el permiso de los aficionados y seguidores del Dios del Manga, Osamu Tezuka que, curiosamente, tuvo mucha “culpa”, gracias a sus consejos, en el camino artístico de un joven Tatsumi que, cansado de las propuestas que ofrecía el manga, inició un nuevo sendero argumental que le elevaría con el tiempo a ese espacio reservado para los grandes autores de cómic nipón.

Pero sobre todo utilizo el título de la obra de Tezuka, porque en ella, y en otras (Tatsumi, también publicada por Satori Ediciones), el autor se nos presenta como un imaginario entomólogo que, a través de su lupa, nos muestra lo peor de la condición humana, bajando su mirada hacia unos hombres, la mayoría, que reúnen unas características personales de lo más peculiar.

Los personajes del mangaka comparten una mirada perdida que hace que su expresión nos resulte totalmente enigmática, sin poder saber qué les pasa por la cabeza, por lo que suelen sorprendernos con sus acciones.

Son tipos callados, que se recrean en su silencio, aunque vivan acompañados. En sus trabajos son el último mono, con tareas que pocos quisieran ejecutar (barrenderos, trabajadores de las alcantarillas o la morgue, etc.) y lo que si comparte la mayoría es una fijación obsesiva por algo, ya sea esa figura femenina que les resulta inalcanzable debido a su condición social, lo que les va a llevar a cometer actos terribles, ya que son incapaces de expresar con palabras la frustración que les carcome por dentro.

En Mundo perdido nos lanzamos de cabeza a ese estrato social, el más bajo de la sociedad japonesa de finales de los sesenta, y en un buen puñado de historias cortas, nos encontramos con un trabajador que, con tal de hacer realidad el sueño de su mujer, será capaz de llegar hasta las últimas consecuencias; la pesadilla que se vuelve realidad en la existencia de un “empujador” del metro de Tokio; abajo, muy abajo, en las cloacas, la aparición de fetos es algo terriblemente habitual, y el protagonista de esta historia, lo sabe muy bien; cuerpos muertos, fríos, su visión obsesiona al hombre encargado en la morgue de amontonarlos en una piscina, o  la plácida vida de un hombre junto a una muñeca hinchable, que se verá alterada por la presencia de una joven…

Si el personaje masculino protagoniza todos los relatos del tomo, el femenino, que siempre ocupa un segundo lugar, tampoco es que salga especialmente bien parado, ya que el autor tacha a sus féminas como adulteras, zafias, caprichosas, crueles… Compartiendo un retrato que sería seguramente señalado como misógino en estos tiempos de corrección política que padecemos.

Ninguna de estas historias deja inalterable al lector, ya que todas golpean en lo más sensible, cogiéndonos de la mano en un viaje que no vamos a olvidar en mucho tiempo.

Como complemento a este volumen, un par de textos escritos por dos reputados teóricos del manga, Akage Toge y Junzo Ishiko, muy interesantes, en que se plantea una interesante teoría sobre el nacimiento de este género, el gekiga, que hasta ahora pensábamos que destacó por su deriva argumental, pero que según se dice en el texto, tuvo más que ver con la rebeldía hacia un formato (la revista mainstream) que otra cosa.

Mundo perdido

Autor: Yoshihiro Tatsumi

Tapa blanda (formato manga)

Blanco y negro

224 págs.

20 euros

Satori Ediciones

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