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Cicatrices sin curar

Las viñetas de esta autora australiana, que publica por primera vez en nuestro país, destilan tristeza y talento a partes iguales.

Y es que, tras esos rostros con los que te cruzas en el metro, en una parada de bus, esperando para comprar un café, hay siempre una historia que contar.

Es probable que nunca las conozcamos, pero estamos de suerte ya que narradoras tan potentes como Lee Lai están dispuestas a traspasar las puertas de algunos hogares y sumergirnos, como es el caso, en la historia de Ray y Bron.

Cada vez hay menos momentos alegres entre esta pareja queer. Estos se han reducido a los retazos de diversión y alegre salvajismo que comparten con Nessie, la pequeña sobrina de Ray, que logra que su tía de verdad y la “postiza” vuelvan a ser niñas de nuevo, y compartan canciones y juegos, como perseguir a un huidizo can, transformadas gráficamente por la autora en seres, monstruos que no parecen de este mundo.

Pero la invisible mochila de pesar que soporta sobre sus espaldas Bron está haciendo que la relación, pese a los esfuerzos de comprenderla de su pareja, se erosione a pasos agigantados, por lo que el inevitable momento de la separación llega cuando menos se espera, abriendo una herida que se convierte con el paso de los días en un pasaje que lleva directo hacia la gris depresión.

Producto de una familia ultra religiosa, Bron regresa a esta para tratar de arreglar todo lo que quedó roto en su momento. Hay asuntos que hablar, y aunque en un principio su tabla de salvación parecer ser su joven hermana Gracie, que ha madurado a pasos agigantados, los silencios continúan, siendo solo interrumpidos por los reproches de la madre y las miradas de su padre, que evita a toda costa recordar el pasado.

Por su parte, Ray, que para nada mantiene una buena relación con su hermana Amanda, malvive en una extraña duermevela, abandonada y abandonándose, sin lograr encontrar una razón de ser a la ruptura que la mantiene presa debajo de un edredón, soportando también las pullas de su hermana, que tampoco nunca vio con buenos ojos su relación con Bron…

Historia esta de diálogos, casi sin estridencias, en pocas páginas nos sumergimos en el drama de las vidas de estas dos mujeres, en la que su autora refleja a la perfección y con total naturalidad a dos personas pertenecientes al colectivo LGTBI+, que tan solo buscan recuperar esos momentos, el roce de la piel de una con la otra, aunque en ocasiones el peso del pasado nos obligue a abandonar lo que más queremos, para iniciar un nuevo camino.

Ray, Bron, Amanda, Gracie y Nessie… Seis mujeres, diferentes edades. Desde la divertida inconsciencia de la niñez, pasando por el difícil puente de la adolescencia y llegando a la madurez.

Lee Lai demuestra con esta primera novela gráfica que es una autora a la que deberemos seguir el rastro en un futuro, ya que talento para contar historias y hacernos empatizar con sus protagonistas le sobran.

Stone Fruit

Autora: Lee Lai

Tapa blanda

Blanco y negro

232 págs.

21 euros

Dibbuks

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