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Dejad que los animales se acerquen a mí…

Un misterioso lugar, alejado de toda civilización, donde la mano del hombre va a provocar una inevitable desgracia.

Una advertencia para los puristas. Este cómic es una adaptación, por lo tanto presenta cambios con respecto a la obra original. De hecho, UN cambio muy importante, adaptado a los nuevos tiempos que vivimos y que, la verdad, no chirría para nada en la trama de la historia que en su momento escribió el gran H.G. Wells.

Y es que a esta remota isla, único superviviente de un violento naufragio, no llega Edward Prendick, el protagonista de la novela original. El apellido se mantiene y la inicial del nombre, pero el sexo cambia, ya que es la bióloga Elleanor Prendick la que es recogida, al borde de la extenuación, y cuando despierta, poco a poco se va a ir percatando de que la paradisiaca isla es un lugar bastante extraño.

Pero Ellie no es en este caso el arquetipo de damisela en apuros, ya que le va a cuestionar más de una pregunta al hombre que la ha salvado, Montgomery, un tipo del que no sabrá si fiarse en ningún momento, pese a su ¿fingida? amabilidad…

Como toda profesional de su campo, la bióloga es extremadamente curiosa. Y como suele decirse, ésta mató al gato… Aunque en este caso particular la mujer se va a saber defender bastante bien ante el extraño descubrimiento que realiza.

Y es que la isla, concretamente todos los animales que la habitan, se han convertido con el paso de los años, en objeto de estudio y experimentación del doctor que da nombre a la obra, el adusto y misterioso Moreau. Un tipo que, expulsado de la civilización cuando entre sus iguales estos descubrieron los terribles experimentos que estaba realizando, optó por desaparecer por completo, convirtiéndose en amo y señor de la isla y “padre creador” de docenas de híbridos, antiguos animales que ahora compartían características humanas.

Y así irán pasando los días, las semanas, los meses, mientras Ellie se va sumergiendo y conociendo más y más sobre el pasado, las creaciones de Moreau y los animales que la rodean, como el servicial Sheppard.

Pero claro, la tragedia flota en el aire del lugar, y es imparable. La naturaleza de los animales se impondrá, llevando al límite la situación y haciendo que Ellie se encuentre en medio de una explosión de violencia que ella no ha originado, pero en la cual puede ser juzgada también por su condición de humana.

La verdad es que el tándem formado por el guionista Ted Adams y el dibujante Gabriel Rodríguez consiguen insuflarle nueva vida a este clásico de la literatura fantástica que ha conocido varias traslaciones al medio cinematográfico sin demasiada fortuna, todo hay que decirlo.

Pero el cómic parece el medio perfecto para recrearla en viñetas, y no solo por el cambio de sexo de la heroína y protagonista de la historia. Gráficamente, Gabriel Rodríguez estructura las secuencias a base de dobles páginas, logrando un resultado espectacular, una perfecta mezcla de acción, cuando ésta es necesaria, y momentos de intimidad en los que los personajes conversan, llegando así a conocerles mejor, como en el caso de Montgomery, con sus demonios interiores.

A Gabriel Rodríguez ya lo conoceréis, imagino, por el brutal trabajo que realizó en la exitosa serie Locke & Key, que no ha abandona del todo, ya que cada cierto tiempo, junto a su otro creador, el exitoso escritor y guionista Joe Hill, la están continuando, indagando en su universo, a través de one shots y miniserie (de hecho, en los Estados Unidos ya se anuncia una nueva, titulada In pale batallions go…).

Este volumen recopila las dos entregas de la miniserie original, junto a reproducciones de los lápices del comic, las portadas originales y, finalmente, algo que no suele darse mucho, un encuentro, una conversación entre Adams y Rodríguez, los creadores de esta magnífica, como decía al principio, adaptación.

La isla del Dr. Moreau

Guion: Ted Adams

Dibujo: Gabriel Rodríguez

Cartoné

120 págs.

17 euros

Panini Cómics

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